Viernes, 12 Octubre 2012 15:00

Feminismo de Estado, ¿herramienta para el mejoramiento a la gestión estatal?

Desde fines de los años 1990, feministas académicas de diversas universidades del mundo, vienen reflexionando sobre el concepto feminismo de estado. Se reconoce que el concepto varía según se trate de una u otra tendencia de pensamiento feminista; también se le utiliza como una base teórico-metodológica para analizar y/o describir las instituciones creadas para el desarrollo de políticas de igualdad hacia las mujeres por los distintos gobiernos; también se usa para identificar aquéllas agencias nacionales e internacionales que son más abiertas y/o amigables con el movimiento de mujeres en cada país.

El concepto permitiría analizar un amplio espectro de interrelaciones –muchas veces de tensión- entre las organizaciones de mujeres y los aparatos gubernamentales. Es decir, desde diversas perspectivas teóricas, políticas e ideológicas, se observa la adhesión al concepto mismo, pero lo “comprehenden” de muy diferentes maneras.

Lo importante es que las feministas académicas coinciden en que esta perspectiva permite analizar las relaciones entre los grupos de mujeres organizadas en las bases y sus contrapartes, las mujeres que trabajan en las agencias estatales creadas en los últimos 20 años en la mayoría de los países. El desarrollo de instituciones especializadas para las mujeres, en la práctica ha significado una oportunidad para desarrollar la posibilidad escasa, que hasta ahora, han tenido las mujeres para influir en la orientación del cambio político, hacia resultados más cercanos a los aspirados por las propias mujeres.

Efectivamente, si se analizan las medidas para la igualdad de género de los gobiernos, observamos importantes avances, por ejemplo, según ONU Mujeres, hoy en día, en 125 distintos países miembros de las Naciones Unidas, se han introducidoleyes para penalizar la violencia contra las mujeres. Este esfuerzo gubernamental, es efectivamente un logro de las mujeres feministas organizadas quienes desde los años 1970 han luchado para mejorar la calidad de vida actual de las mujeres, y, al mismo tiempo influir en el cambio social necesario para la disminución de la violencia doméstica y sexual en las nuevas generaciones de todos los continentes.[1]

La participación de un mayor porcentaje de mujeres en los aparatos gubernamentales de los estados, ha hecho posible el desarrollo de políticas de género especializadas, las cuales -mayoritariamente- sólo han sido posibles gracias a la activa participación de mujeres organizadas, quienes actuando como interlocutoras propositivas y críticas de los gobiernos, han logrado validar sus necesidades y demandas específicas.

Se observa una compleja inter-relación entre las organizaciones de mujeres y las mujeres en las instituciones para las mujeres, las oficinas de la mujer, son las agencias especializadas que deberían responder a sus necesidades y demandas pero que muchas veces, las mujeres de las instituciones, desde puestos de trabajo cada vez más tecnificados, reconocen que no siempre cuentan con los recursos suficientes para asegurar la sostenibilidad de su propio funcionamiento. Sin embargo, es gracias a esas interacciones entre mujeres las que van permitiendo avanzar en la detección, medición y toma de decisiones respecto del desarrollo de acciones específicas (políticas, leyes, programas, etc.) para responder a los problemas de mayor incumbencia para las mujeres.

Por otra parte, otras autoras agregan que, el feminismo de estado es una herramienta valiosa para mejorar los aparatos estatales, esto, en la medida en que las políticas feministas, sean estas para la igualdad de género o para el empoderamiento de las mujeres, han tenido un efecto positivo en la gestión general de las políticas sociales en aquellos países en que estos mecanismos institucionales existen.[2]

Una perspectiva feminista del estado, permitiría mejorar los métodos de gestión, transmisión de información, promoción de la participación de las mujeres en todos los espacios y niveles de toma de decisiones, con las consecuencias positivas, ya señaladas. Además de aportar al desarrollo de servicios más adecuados y eficientes. Las feministas plantean que desde su perspectiva analítica, un feminismo de estado, constituye una de las base de los procesos democráticos en las ciudades post-industriales.

Me pregunto, sí podríamos pensar en ONU Mujeres, la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, como una primera institucionalidad internacional de las mujeres. Me pareció tan alentador que las feministas estén reflexionando sobre el aparato del estado, desde la perspectiva del impacto que se produce al incorporar instituciones, políticas y servicios estatales, observablemente, sostenibles en el tiempo, que están permitiendo avanzar en la consecución de la igualdad en materia de derechos humanos para las mujeres.


[1] Bachelet, Michelle, Seminar on: Gender Equality and the Empowerment of Women, Llewellyn Hall, ANU (24/08/2012), AUSAID and Gender Institute, notas personales. Canberra, ACT, Au.

[2] Desde la metodología: Dorothy E. MacBride, 2010, The Politics of State Feminism. Innovation in Comparative Research. Temple University Press, Philadelphia, US; y, desde la teoría, Catherine A. MacKinnon, 2008/09/, Hacia una teoría feminista del Estado. En: http://www.caladona.org/grups/uploads/2008/09/hacia-una-teoria-feminista-del-estadomackinnon.pdf son algunas de las académicas que han elaborado sobre este tema.

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